20 abr. 2011

Jaulas

Una puerta se abre.
“Cinco…cuatro…tres…dos…uno”
-Buenos días, Constantino, son las ocho y media.
“No, no quiero levantarme, tengo sueño y quiero seguir durmiendo.”
Dos enfermeros le levantan y le sientan en su silla de ruedas.
“He dicho que no quiero levantarme, no quiero que me metáis en la ducha, quiero volver a la cama.”
Ajenos a sus pensamientos los dos hombres le sientan en una silla con arneses del baño y proceden a ducharle. Tras eso le afeitan y visten y le llevan al comedor.
El anciano escruta la taza de café y las magdalenas recordando los desayunos de su casa, para los que se levantaba una hora antes, con los que siempre complacía a su esposa.
Con un esfuerzo sobrehumano alza torpemente la mano izquierda, pero por un mal giro vuelca la taza derramando su contenido sobre el mantel. Una enfermera, acostumbrada, recoge el café y le sirve uno nuevo colocándole una pajita en la boca.
Sin llegar a terminarlo le sacan del comedor y le dejan en una salita con otros diez ancianos con la mirada perdida en una tele.
“Otra vez el Nacional Geographic… ¿Por qué nos ponen esto si ninguno de los que estamos aquí conocemos o conoceremos esos lugares? Ojalá pusieran alguna película interesante…El Conde de Montecristo…El bueno, el feo y el malo…La princesa y el pirata…Cualquier cosa entretenida que no nos produzca ganas de dormir”
Tras el documental comienza la procesión de la comida. Sin ninguna prisa uno a uno cada anciano sacia su falta de apetito.
Al terminar, le llevan a su habitación para acostarle en la cama.
“No tengo sueño, quiero dar un paseo, bajar a la playa, abrazar a mis nietos, conducir un coche…”
Pero sus labios han olvidado como pronunciar las palabras y sus ojos ya no saben reconocerlas. Poco a poco comienza a adormilarse, parpadea una última vez y se duerme.
Un beso tibio en la frente le despierta. Allí está…es ella.
“Caty, mi Caty” piensa gritando. La anciana le sonríe con los labios, pues sus ojos son el borde de un abismo de tristeza creado por la lesión cerebral que se ha llevado a su marido con 74 años. Ruega, sí, ruega, cada día que mejore, que le hable, que le toque…
Le incorpora y abre las cortinas. Ese día ha llevado unos álbumes de fotos.
-Mira Constantino, hoy te traje el de nuestra boda.
Él se limita a mirarla con adoración.
“Caty, mi Caty, cada día estás más hermosa. ¿Quién es la de estas fotos? Tú no, no me engañes, solo son un pálido y deslucido reflejo de lo que veo hoy. Oh…Caty, mi Caty…¿cuántas veces te habré hecho el amor? Cientos…miles. Tantas como estrellas saldrán hoy en el firmamento, que me lleve Dios si miento.
Caty…mi Caty. Quiero levantarme, sácame de aquí. Vámonos a Finisterre, a imaginarnos un mundo más allá del mar, como hemos hecho tantas veces.
Caty…mi Caty…todo lo que te he amado y cuánto te amo hoy, no hay día que no me odie por el accidente de coche, por haber fracturado tu brazo, con el que me recogiste del viñedo de la vida y me acompañaste hasta hoy, que soy un vino añejo. Caty…mi Caty”
La mujer cierra el álbum, lo guarda y se levanta a llamar a dos enfermeros que le bajen a recepción.
-Tengo que irme ya amor mío, volveré mañana.
Tras un tembloroso beso en su arrugada mejilla la anciana se marcha.
“Caty…no, no te vuelvas a marchar. No quiero pasar otra noche sin ti. Por favor…”
Sin dejarle tiempo a verla irse le llevan al comedor. Esta vez son menos pacientes y le dan la comida sin dejarle que lo intente. El mismo enfermero le sube después a la habitación a cepillarle los dientes. Como cada noche observa su reflejo. Un anciano de mirada apacible y sonrisa constante le observa desde el espejo, sabedor de que siempre estará congelado en aquel gesto.
Esa noche se repite la pesadilla, enciende el coche, cae sobre el volante. Su mujer y su hija gritan. Cuando despierta no puede moverse, no puede hablar…un sucedáneo de vida, una sombra de lo que fue.
Una puerta se abre.
“Cinco…cuatro…tres…dos…uno…”
-Buenos días, Constantino, son las ocho y media.

Foxglove

2 comentarios:

  1. Mi tubérculo, el que está dentro de mi, a ese que llaman Patata, dice que no escribas cosas tan tristes, que tu risa escandalosa es mucho más divertida, pero sobre todo pide que no dejes de sonreir. Libro de los sientimientos.

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  2. Por desgracia la vida no son solo sonrisas...yo me limito a transmitirlo

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