25 may. 2011

Solo es un poco de sexo

  Me considero de género raro, particular donde las haya. Y es, quizás, mi mayor defecto o, quizás, mi mejor virtud que no puedo, no consigo discernir "amor" de "relación sexual".
El porqué ni lo sé ni lo busco, es algo que ya forma tanto parte de mi como puede serlo algún lunar traviesamente escondido o el ángulo que forma mi tripa.

  Mi pequeña tara me condena, me obliga a querer para entregarme, no solo en cuerpo, sino también en corazón...porque sí, es cierto, considero el sexo la máxima expresión del amor. Porque, cuando ya le has dado todo, ¿qué te queda? Quedás tú...y solo tú, desnuda y vulnerable frente al que puede hundirte, frente al que puede alzarte.

Pues si bien he amado poco, he amado como ellos han sabido, de corazón, no desde las hormonas.

Porque yo también he participado en batallas de ropa en las que queda vencedor el que roba todas las prendas.
He sido directora del concierto de suspiros de mi piel contra su piel.
He navegado en barcos cargados de besos por espaldas infinitas.
Y, aunque siempre me he mostrado tímida y cauta, he sucumbido ante la tentación de frutas prohibidas, que, en vez de expulsarme del paraíso, me han conducido a él.
Sorprendida, me he tocado la tripa buscando, ingenuamente, alguna prueba visible del par de dedos curiosos que se iban abriendo paso en mi interior.
Dejando atrás miedos y tapujos he sido llevada por distintos caminos a un mismo lugar, porque más de una vez me han hecho perder la consciencia entre sábanas y almohadas para recuperarla más tarde renaciendo debajo de él.

  Pero, como bien he dicho antes, no es sino una carga de la que desearía poder librarme a veces...sin duda te miento, amo amar con amor.

  ¿Y ahora? Ahora me limito a esperar, deseosa de volver a calmar mi sed de piel con un cuerpo, mi hambre de amor con un alma algo afín capaz de comprenderme, aceptarme y (ojalá) quererme.

Porque quiero que hagan conmigo lo que la primavera hace con los cerezos.
Ponte leggins.

Foxglove

15 may. 2011

Evax...me gusta ser mujer

  Como cada 30 días más o menos abrió el tercer cajón de su armario para sacar una enrollada manta eléctrica que enchufó inmediatamente y colocó encima de su abdomen. No es que le aliviara mucho, pero conseguía mantenerla aclimatada combatiendo los escalofríos que le producían espasmos en una habitación a 19 grados.
  Como cada 30 días más o menos volvió a sentir la sensación de que aquel era una especie de castigo que le infligía la naturaleza por no haberse quedado embarazada un mes más. Tratando de aguantar, crispó sus nudillos mientras se mordía el labio inferior tratando de crear un nuevo foco de dolor que la distrajera del de su tripa. Sin embargo sirvió de poco. Con un par de lágrimas resbalando frías por su cara se tumbó y se levantó la camiseta dejando al descubierto su tripa.
  Como cada 30 días más o menos, esta mostraba un aspecto apacible y tranquilo, nada más alejado de la realidad que se desarrollaba en su interior. Sus entrañas se retorcían, peleaban y se dañaban unas contra otras en una feroz batalla. Ella estaba segura que, de haber tenido un sismógrafo, cada calambre habría quedado registrado como un terremoto de magnitud 10, o…como diría wikipedia “…En la historia de la humanidad nunca ha sucedido un terremoto de esta magnitud…”
  Pues bien, en la historia de mi humanidad, más o menos cada 30 días ocurre.
Evax…¿me gusta ser mujer?
Evax…sufre siendo mujer


Foxglove

9 may. 2011

Rápida y furiosa

Las luces se atenuaron dejando la sala inmersa en la oscuridad unos escasos segundos antes de que la gigantesca pantalla bañara de luz la estancia de nuevo.

  En las primeras filas alborotadores chiquillos ríen y se lanzan palomitas. Disfrutando, más que de la película, de aquel lugar en el que pueden escapar de la atenta mirada de sus padres permitiéndoles ser ellos mismos. Libres…ligeros…molestando sin malicia con comentarios obscenos, para después ser reprendidos por algún acomodador cubierto de acné.

  Unas filas más atrás, un matrimonio trata de seguir la trama de la película. Como cada viernes acuden al cine a ver los últimos estrenos y así tener algo de lo que poder hablar al llegar a casa. Sus manos no se rozan, sus ojos no se miran…condenados a estar separados por el vacío de un amor que nunca ha existido.

  Aprovechando una escena de acción, una pareja de quinceañeros se mete al aseo masculino. Él la sienta en el lavabo y comienza a besarla con ternura, la misma con la que besaría al día siguiente a la mejor amiga de su novia. La chica, como tantas otras veces antes, acostumbrada a lo que ya es para ella una rutina, se baja las bragas y se deja hacer. Una nueva vida se engendra en la sala, vida que será poco después extirpada en alguna clínica de Lavapies.

  En el lado derecho de la sala un grupo de ancianas se pasan un paquete de pañuelos de papel para secarse las lágrimas que nublan sus ojos o corren ya por sus apergaminadas mejillas. Todas se han conmovido con la historia. Fieles seguidoras de la trama recuerdan vivencias pasadas, sentimientos ya consumidos que vuelven a salir a flote gracias a la interpretación de la protagonista.

  Ya casi al fondo de la sala, una pareja que ronda la veintena susurra de vez en cuando entre escena y escena. Un beso, se escapa…dos…tres. En un instante él desliza el tirante de su vestido por su hombro…y ella, temblando por dentro, le pide, muda, que le haga ser valiente de nuevo, que haga que vuelva a confiar en sí misma y en el mundo, que vuelva a querer. Pero de sus labios no se escucha su ruego, pues no puede expresarlo con palabras, solo refugiarse en su miedo. Tímida, se limita a subirse el tirante y a ver el final de la película.

Las luces se encienden indicando el final de la película. La sala, poco a poco, se vacía, quedando únicamente como testigo de la sesión de las seis y media unas braguitas rosas debajo del lavabo masculino.