30 abr. 2011

Metro de Madrid, sueña

  Las puertas del metro se abrieron a un palmo de mi nariz, entré sin mirar al vagón y me senté en el primer sitio que vi libre. Mis bolsas, empeñadas en no dejarme un respiro, resbalaban por mis piernas. Las inmovilicé finalmente y cambié la canción del iPod. Más tranquila me recosté en el asiento y miré a mi alrededor. Dos africanos, una señora mayor y un chico ocupaban los sitios de enfrente. Miré al chico, pelo rubio oscuro, ojos azules y algo de barba, corta, tratando de parecer descuidada. Me devolvió la mirada y la bajé inmediatamente algo cortada. Después volví a alzarla y la mantuve fija en sus ojos, él, sorprendido, alzó una ceja divertido y una sonrisa escapó de mis labios sin darme tiempo a reprimirla.


  Lo que ninguno de los dos sabíamos era que nos casaríamos un día como hoy, a finales de abril. Un cielo despejado sería testigo de nuestra unión. Daríamos el "Sí, quiero" en el jardín de un parador, rodeados de nuestra familia y amigos. Él, le haría un gesto a la banda indicándoles que tocaran Los Canons de Pachelbel, mi canción favorita. Mirándome a los ojos como aquella vez en el metro me llevaría a la pista a deslizarme en sus brazos.
  Lo que ninguno de los dos sabíamos era que nos iríamos a vivir a una pequeña ciudad de Suecia, donde tendríamos tres maravillosos hijos y hasta un perro. El saldría cada mañana a llevarles al colegio para después irse a trabajar a un estudio de diseño mientras yo volvería de alguna guardia en el hospital, con el tiempo justo de darnos un beso.
  Lo que ninguno de los dos sabíamos era que acabaríamos cogidos de la mano en la entrada de nuestra casa viendo como atardecían nuestras vidas...es cierto...no lo sabíamos.


Pero el metro de Madrid vuela.
El chico bajó en Ríos Rosas y el tren volvió a ponerse en marcha. Al pasar por donde iba él me buscó con la mirada y encogió los hombros con pena. Sí...es una pena.
Ponte leggins.




Foxglove

28 abr. 2011

Cuando Lisa conoció a Nelson

 Empiezo a hartarme de que muchos me consideren muerto, de que maldigan mi nombre, de que me asesinen en sonetos.
¿Es que no se dan cuenta de que sin mi están huecos?
Hoy cambiaré eso, volveré a empezar mi juego, voy a demostrarles que vale más mi arco que sus lamentos,
Alguien difícil, alguien complejo...alguien sin fe...alguien sin sueños.

 Veo a un niño haciendo el gamberro. Al principio me asusta, es oscuro, siniestro.
Su afán por la destrucción proviene de su familia: un padre siempre ausente, su hermana, fallecida. Le veo estrangulado por la desesperanza de su vida, y, sin esperar un instante le apunto con una flecha al azar escogida.
Como siempre mi disparo ha sido certero...directa al corazón, clavada en silencio,
Satisfecho doy un salto y vuelo, en busca de la dama que elegiré para mi sujeto.

 En un momento de descuido pierdo el control y me choco contra el pavimento. Una niña que por allí pasaba me incorpora y me ofrece consuelo.
Es sensible, enamoradiza, quiere madurar antes de tiempo.
Sus libros y sus muñecas quedan a un lado, en el suelo, y su amor por la naturaleza y la vida me llena de contento, así que, sonriendo, saco la flecha y la tenso.
Ella, asustada, trata de salir corriendo.
Allá va, se hunde en su espalda...del impacto le tira al suelo.

¿Quién es ahora el débil?
¿A quién proclamas tú muerto?

Con este nuevo romance sabrás a qué me refiero.
Buena suerte, Lisa y Nelson, yo, Cupido, os la deseo.

Ponte leggins.

Foxglove

20 abr. 2011

Jaulas

Una puerta se abre.
“Cinco…cuatro…tres…dos…uno”
-Buenos días, Constantino, son las ocho y media.
“No, no quiero levantarme, tengo sueño y quiero seguir durmiendo.”
Dos enfermeros le levantan y le sientan en su silla de ruedas.
“He dicho que no quiero levantarme, no quiero que me metáis en la ducha, quiero volver a la cama.”
Ajenos a sus pensamientos los dos hombres le sientan en una silla con arneses del baño y proceden a ducharle. Tras eso le afeitan y visten y le llevan al comedor.
El anciano escruta la taza de café y las magdalenas recordando los desayunos de su casa, para los que se levantaba una hora antes, con los que siempre complacía a su esposa.
Con un esfuerzo sobrehumano alza torpemente la mano izquierda, pero por un mal giro vuelca la taza derramando su contenido sobre el mantel. Una enfermera, acostumbrada, recoge el café y le sirve uno nuevo colocándole una pajita en la boca.
Sin llegar a terminarlo le sacan del comedor y le dejan en una salita con otros diez ancianos con la mirada perdida en una tele.
“Otra vez el Nacional Geographic… ¿Por qué nos ponen esto si ninguno de los que estamos aquí conocemos o conoceremos esos lugares? Ojalá pusieran alguna película interesante…El Conde de Montecristo…El bueno, el feo y el malo…La princesa y el pirata…Cualquier cosa entretenida que no nos produzca ganas de dormir”
Tras el documental comienza la procesión de la comida. Sin ninguna prisa uno a uno cada anciano sacia su falta de apetito.
Al terminar, le llevan a su habitación para acostarle en la cama.
“No tengo sueño, quiero dar un paseo, bajar a la playa, abrazar a mis nietos, conducir un coche…”
Pero sus labios han olvidado como pronunciar las palabras y sus ojos ya no saben reconocerlas. Poco a poco comienza a adormilarse, parpadea una última vez y se duerme.
Un beso tibio en la frente le despierta. Allí está…es ella.
“Caty, mi Caty” piensa gritando. La anciana le sonríe con los labios, pues sus ojos son el borde de un abismo de tristeza creado por la lesión cerebral que se ha llevado a su marido con 74 años. Ruega, sí, ruega, cada día que mejore, que le hable, que le toque…
Le incorpora y abre las cortinas. Ese día ha llevado unos álbumes de fotos.
-Mira Constantino, hoy te traje el de nuestra boda.
Él se limita a mirarla con adoración.
“Caty, mi Caty, cada día estás más hermosa. ¿Quién es la de estas fotos? Tú no, no me engañes, solo son un pálido y deslucido reflejo de lo que veo hoy. Oh…Caty, mi Caty…¿cuántas veces te habré hecho el amor? Cientos…miles. Tantas como estrellas saldrán hoy en el firmamento, que me lleve Dios si miento.
Caty…mi Caty. Quiero levantarme, sácame de aquí. Vámonos a Finisterre, a imaginarnos un mundo más allá del mar, como hemos hecho tantas veces.
Caty…mi Caty…todo lo que te he amado y cuánto te amo hoy, no hay día que no me odie por el accidente de coche, por haber fracturado tu brazo, con el que me recogiste del viñedo de la vida y me acompañaste hasta hoy, que soy un vino añejo. Caty…mi Caty”
La mujer cierra el álbum, lo guarda y se levanta a llamar a dos enfermeros que le bajen a recepción.
-Tengo que irme ya amor mío, volveré mañana.
Tras un tembloroso beso en su arrugada mejilla la anciana se marcha.
“Caty…no, no te vuelvas a marchar. No quiero pasar otra noche sin ti. Por favor…”
Sin dejarle tiempo a verla irse le llevan al comedor. Esta vez son menos pacientes y le dan la comida sin dejarle que lo intente. El mismo enfermero le sube después a la habitación a cepillarle los dientes. Como cada noche observa su reflejo. Un anciano de mirada apacible y sonrisa constante le observa desde el espejo, sabedor de que siempre estará congelado en aquel gesto.
Esa noche se repite la pesadilla, enciende el coche, cae sobre el volante. Su mujer y su hija gritan. Cuando despierta no puede moverse, no puede hablar…un sucedáneo de vida, una sombra de lo que fue.
Una puerta se abre.
“Cinco…cuatro…tres…dos…uno…”
-Buenos días, Constantino, son las ocho y media.

Foxglove

14 abr. 2011

19 locuras

Las lucecitas parpadeantes se reflejaban en su cara, iluminando algunas zonas y escondiendo tantas otras. Había llegado el momento, cuando las voces se apagaron inspiró profundamente, hinchando todo lo que pudo sus pulmones, y sopló.
Como cada año pensó en su familia. Pidió por su hermano, porque lo que pensaran los demás de las apariencias dejara de hacerle daño, y, la PRIMERA vela azul se rindió a la ráfaga de aire.
Pensó en su madre, con la que tenía más roces que caricias y pidió que mejorase la relación con ella en forma del soplido que apagó la SEGUNDA vela.
La TERCERA vela se fue en su padre, con el que no solía compartir la mayoría de sus pensamientos, pidiendo que este año pudieran llevarse no solo más, sino mejor.
El fuego llameante de la CUARTA bailaba desafiante sin temor de enfrentarse a la fuerza del viento, pero cayó también bajo el recuerdo de todas sus amigos, los del día a día y los del corazón, con los que compartía pequeños momentos y con los que compartía mundos enteros.
Sin embargo, quiso pedir por algunos en especial, y sopló la QUINTA pensando en la pequeña de los pies grandes, que negaba estar enamorada. La SEXTA cayó pensando en aquella que había sido la más grande, la más en sí misma, la que nunca dejó de darle significado al complejo concepto de amistad. La SÉPTIMA y la OCTAVA se fueron con el recuerdo de una rubia y una morena especializadas en sacar sonrisas que no eran parcas en buenos consejos. La NOVENA se apagó pensando en la que, a pesar del cambio de carrera, no se quedaría allí, sino que, de una forma u otra, se la llevaría con ella, pues falto anda el mundo de la gente que no quiere dejar de sonreír.
Con la mitad de la tarta apagada y la otra mitad expectante la chica volvió a tomar aire.
Se apagó la DÉCIMA vela con el recuerdo de la compañera de día a día, de músicas y películas a la que bien podía llamar amiga.
La ONCEAVA se apagó pensando en su familia.
Y allí estaba la vela número DOCE, rosa, como el color que gustaba de ponerse en sus uñas aún con 70 años, y la sopló pensando en su abuela, pidiendo, que, estuviera donde estuviese, no olvidara a su nieta.
Amarilla y temerosa se asomó la vela TRECE, fiel imagen de la más perfecta representación de un alma gemela, de un ente complementario…sí, a pesar de jamás haber sentido su tacto, a pesar de jamás haber olido su aroma…porque para quererle no era necesario ningún sentido.
La vela número CATORCE evocó el recuerdo de paseos, ilusiones y “te quieros”…antes tan llena y ahora tan…tan…que la sopló deprisa, tratando de no pensar.
Más alegre se fijo en la QUINCEAVA vela, que brillaba con fuerza, más que con fuerza con pasión, robando todo el oxígeno que podía consumir. Hermosa y autodestructiva fue soplada con la felicidad producida por el nuevo ritmo que marcaba mi vida, de cada nuevo compás que había introducido en mi canción, de cada frase, de cada cita de Wilde o idea filosófica, de tintas y plumas.
Con la DIECISEIS no se detuvo, solo pidió entrar a la carrera que tanto y tanto se le resistía.
La DIECISIETE fue vencida por el peso del soplido que pedía madurez, paciencia, constancia, que quería crecer pero no perder su lado infantil, pues le horrorizaba la idea de verse como una adulta de la noche a la mañana.
Quedaban dos…Rogando más libertad, pidiendo poder disfrutar su vida, sopló la DIECIOCHO.
Y por fin, la última, la DIECINUEVE, que la sopló pensando en ella. Ponte leggins.

Foxglove


10 abr. 2011

leggins (4)

Miedo...miedo a estar sola el día de mi cumpleaños; miedo a caminar por la calle de noche, donde, según mi madre, hay un violador esperando en cada esquina; miedo a Gollum; miedo a cada regla; miedo miedo a mí misma; miedo a no entrar a periodismo; miedo a querer algo fuera de mi alcance y no tener más remedio que olvidar...
¿a qué tienes miedo?

7 abr. 2011

Hoy quiero gustarte…que cuando me miren tus ojos no puedas dejar de mirarme.

Hoy, por una vez, serán mis gestos los que hablen, dejaré mi pluma en casa y romperé el papel en el que tantas veces te he descrito.
Andando me echaré hacia atrás el pelo, dejando que caiga ligero en mi cara ocultando casi al completo mis ojos, mirándote a escondidas, disfrutando del placer que produce hacer algo sin que se sepa.
Porque adoro cuando te miro sin que te enteres.
Puede que me mueva de forma sencilla, inocente…me retorceré un mechón de pelo pensativa y bajaré la vista al suelo para después alzarla abriendo mucho los ojos, tratando de capturarte en ellos para que jamás vuelvas a escaparte.
Porque adoro cuando nuestras miradas se cruzan.
Me colocaré el pelo detrás de la oreja descubriendo mi cara, revelando mis gestos y sonreiré cuando digas algo, porque es mi manera de decirte en silencio que te amo.
Porque adoro que no sepas aún lo que te quiero.
Haciéndome la pensativa me morderé el labio, sutilmente sugerente, esperando por una vez ser capaz de transmitirte todo lo que siento.
Porque adoro que a veces te cueste entenderme.
Pero…adivina qué…hoy voy a ser valiente, porque he leído en la puerta de un baño que cada día debemos hacer algo que temamos…así que allá voy…me lanzo.
Me acercaré poco a poco, saboreando cada centímetro superado que me aproxima más y más a ti. Le pondré fin a cada barrera, a cada obstáculo, a cada miedo y sanaré cada segundo sin mí. Está sucediendo…tu boca y la mía unidas en un beso. Pero rápidamente me retiraré mirándote arrepentida, como si hubiera hecho algo muy malo que jamás debiera haber hecho…y serás tú el que esta vez se lance a por más. Tu mano en mi nuca acercándome a ti será nuestra señal.
Por una vez seré valiente, voy a tirarme al vacío para caer en tus brazos. Mi cuerpo será mi arma en la guerra que estallará en la cama.
Porque te adoro. Ponte leggins.

Foxglove


2 abr. 2011

Y tal vez cometo el mismo error o tal vez vaya a acertar de nuevo.

  Mira a tu alrededor…a todas las personas que te rodean… ¿cuántas veces te has parado a escuchar solo a una de ellas sin más motivo que el de dejarla dar a conocer su historia?
  Yo ayer volví a hacerlo. No fue fácil…tienes que estar muy dispuesto a ello, y, haciendo oídos sordos, oír con el corazón.

  Él… ¿quién era él? Ninguno de los dos lo sabemos del todo.
Comenzó a hablar sin prisa, uniendo los retazos inconexos que conocía de la historia… desesperado, fuerte, perdido, solo…
Cuántas veces quisieron mis brazos cogerle, acercarle a mi, estrecharle en un abrazo que pudiera quitarle peso a ese alma atormentada, pero mis abrazos no sanan, y, temerosa de que rechazara mi contacto, me mordí el labio y me limité a acariciarle el hombro ligeramente.
Tal vez si hubiera hundido su cabeza en mi pelo, tal vez si hubiera dejado a sus ojos llorar…tal vez, solo tal vez, sus lágrimas hubieran roto su coraza, la máscara tras la cual se esconde del mundo. Pero no llora, es un Peter Pan que no logró encontrar Nunca Jamás y no tuvo más remedio que crecer.
Frío y seguro, trata de escapar de la realidad con tabaco y poesía. Sus ojos, que parecen conocer cada secreto y cada historia, dejan translucir al niño que hace mucho dejó de ser. Tan distante que es como si nos separaran varias vidas, y, en cierto modo, así es.
El fuego que antaño le caracterizaría es hoy una pequeña y frágil llama custodiada bajo capas y capas del más frío hielo, pero, aquella que logre romperlo, encontrará el mayor tesoro jamás hallado y suya será la gloria.

  No espera, no desespera…vive sin más, con el sueño de aportar algo al mundo, sin darse cuenta de que ya lo hace, porque es el único capaz de descubrir la belleza que se esconde en los nervios de una hoja. Quisiera, sí, quisiera, aportarle algún día, una décima parte de lo que él ha aportado al mío.

  Y, aunque sé que para él iré al infierno por pecar demasiado poco, cada vez anhelo más enrolarme en su tripulación, a la que solo pocos valientes se atreven a alistarse por temor, cobardía o falta de talento. Ponte leggins.

Foxglove