25 jul. 2011

De príncipes azules

  Ahí está, ahí le tienes, tan endiabladamente guapo que le ha bastado una sonrisa solo para quitarte el aliento. Es él, lo sabes, tus sentidos no pueden equivocarse. Felicidades, acabas de encontrar el príncipe azul. No han hecho falta zapatos de cristal, dragones furiosos ni brujas malvadas. Ha aparecido sin más, sin caballo y sin armadura, pero dispuesto a llevarte a su reino con un beso. Ahí acaban los cuentos, ahí acaban las fábulas, historias y películas. Jamás llegaste a saber como acabaron el príncipe y Cenicienta, el príncipe y Blancanieves, el príncipe y la Bella. No tienen nombre, no les hace falta, ya son importantes solo con ser eso..."el príncipe".
Pero Disney se llevó a la tumba el secreto, no quiso contártelo y destruir la magia que había creado.

  El príncipe no es perfecto, no escala a tu torre, no te lleva a lugares fantásticos, no te hace sentir la reina del cuento. El príncipe tiene una vida muy ocupada, el príncipe no siempre está contigo.
Todas creemos erróneamente que podremos cambiarlo. Que el príncipe está un poco despistado, y que, con un impulso en la dirección correcta conseguirá ser lo que prometían nuestros queridos cuentos. Que podemos adaptarlo, como si fuera arcilla maleable, a nuestros gustos y necesidades, que puede ser alguien que mueva mares por ti, que puede ser quién te diga lo que necesitas oir, que puede volverte loca, que puede hacerte vibrar y cargar de electricidad estática cada centímetro que os separa. Pero no es así. El príncipe viene ya "de fábrica", con sus taras y sus problemas. Y quizás no está dispuesto a ser lo que tú buscabas, y quizás te has equivocado, y quizás no es el príncipe...pero por un instante lo fue.

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